domingo, 17 de mayo de 2015

Sons of Anarchy: una historia de amor y violencia

"Miedo, ira, agresividad, el lado oscuro ellos son. Si algún día rigen tu vida, para siempre tu destino dominarán." Hace casi cuarenta años, el Maestro Yoda pronunció estas sabias palabras ante un joven Luke Skywalker que aún no conocía su futuro papel como salvador de la galaxia. Aunque Star Wars no es exactamente un recorrido sobre la vida de un hombre, sí que acompaña (a su manera) a uno durante algunas de sus decisiones más importantes: aquellas decisiones que forjarán su destino salvándole o condenándole para siempre.


Sons of Anarchy es, también, la historia de un hombre y las consecuencias de sus acciones. La serie nos pone tras la pista de Jackson "Jax" Teller (Charlie Hunnam), un joven americano miembro del club de moteros llamado Sons of Anarchy Motorcycle Club, en su sección de California, a la que se conoce como Redwood Original por ser la que dio origen a todos los demás capítulos (clubes locales) repartidos por medio mundo. Los de SAMCRO, como se les llama en el argot de las calles, regentan un pequeño taller mecánico ubicado en el ficticio pueblo de Charming, pero en realidad se financian a través del tráfico de armas con otras facciones locales, como los moteros hispanos Mayans, liderados por el carismático Marcus Álvarez, o la hermandad negra de los One Niners, entre otros. Su relación con la ley se caracteriza por la estrecha colaboración con el jefe de policía Wayne Unser (Dayton Callie) para mantener la violencia alejada del territorio, el soborno a otros agentes de la autoridad y un "pacto entre caballeros" con los jefes rivales para evitar que el negocio de la droga acabe destruyendo su aparentemente pacífico pueblo. De esta forma, consiguen un curioso equilibrio que parece sostener un frágil clima de paz. Sin embargo, todo empieza a tambalearse cuando un recrudecimiento de la violencia en Charming empuja al propio Jax, que ostenta el rango de vicepresidente de SAMCRO por haber sido su difunto padre uno de los fundadores originales (los "First 9"), a replantearse el sentido de su vida. ¿Está avanzando el club en la dirección correcta? ¿Es esto lo que su progenitor hubiera querido para ellos?

El presidente de los Sons es Clay Morrow (Ron Perlman), el más joven de los First 9. Se trata de un hombre que gobierna con mano de hierro a su banda y establece negocios basados en la confianza. Clay es respetado tanto por los suyos, como por los de fuera, aunque suele verse forzado a tomar medidas poco populares e incluso más que reprobables para seguir en posesión del mazo. Está casado con Gemma Teller Morrow (Katey Sagal), madre de Jax y otrora viuda de John Teller, padre de este. La matriarca del clan es querida por todos los que la conocen, que la consideran una "mujer de armas tomar" a la que es mejor no enfadar y a cuya familia es mejor no molestar. Junto a ellos, se encuentran miembros veteranos del club como el también fundador "Piney" Winston (William Lucking), el irlandés Filip "Chibs" (Tommy Flanagan), el prudente "Bobby" Munson (Mark Boone Junior) o el leal Alexander "Tig" Trager (Kim Coates), así como miembros más jóvenes, entre los que están "Juice" Ortiz (Theo Rossi) o el novato"Half-Sack" Epps (Johnny Lewis). Además, la serie cuenta también con otros personajes con una fuerte carga sentimental para Jax, como su primer amor, la doctora Tara Knowles (Maggie Siff), Wendy Case (Drea de Matteo), madre de su primer hijo, o su mejor amigo, el fiel Harry "Opie" Winston (Ryan Hurst), hijo de Piney. Por si fuera poco, el propio creador y guionista de la serie, Kurt Sutter, se marca un papel de notable interés como Otto Delaney, el miembro encarcelado del club, malogrado y sufridor.

La serie se emitió originalmente por cable en el canal privado FX y consta de siete temporadas, cerrando el pasado año 2014 con un episodio que será recordado por todos los amantes del mundo seriéfilo que se precien de serlo. Para el que escribe, los Sons of Anarchy han sido una grata sorpresa y una ficción memorable, que empatiza con el espectador a través de las que quizás sean las dos emociones más básicas del ser humano: el amor y la violencia. Ese amor que te abre el alma en canal y duele más que el peor de los tormentos. Esa brutalidad extrema que no se para ante nada ni nadie. Así es Jax Teller, un personaje nada plano que evoluciona a pasos agigantados en cada capítulo, y así son también los dos grandes ejes de la trama. Sin embargo, comencemos por el principio: nos encontramos ante una serie larga y compleja, con una gran cantidad de secundarios y donde los personajes principales sufren evoluciones enormes a raíz de cambios muy bruscos en sus vidas. Los continuos enfrentamientos con bandas enemigas, así como las traiciones entre miembros de SAMCRO y sus oscuros secretos familiares, son los pilares utilizados para construir este duro relato de pólvora, cuero y metal, que en realidad se inspira en el club motero más temido y controvertido del mundo: los Ángeles del Infierno.

Por eso, Sons of Anarchy es también una crítica y un reflejo ácido de la sociedad norteamericana más salvaje y genuina, en la que duelos de pistoleros bajo un sol de justicia se entremezclaban con sheriffs en el borde de la legalidad o grupos de asesinos a sueldo y contrabandistas temerarios. Los Hijos de la Anarquía son herederos de esta tradición: viven y mueren por las armas, siguen sus propios códigos de honor y recorren las carreteras a lomos de sus fieles corceles de dos ruedas, llamados Harley Davidson. Son verdaderos outlaws, aunque no son los únicos; Kurt Sutter es especialista en mostrarnos como, incluso aquellos que semejan ser moralmente inmaculados, guardan algún que otro secreto, ya se trate de alcaldes, fiscales, abogados o policías. Este concepto tan romántico del delincuente que no respeta más  reglas que las que él mismo decide, está magistralmente utilizado para crear a los personajes del club, gente áspera que ejecuta actos terribles (asesinatos a sangre fría, venta clandestina de armas, tráfico de drogas, secuestros...), pero de la que es imposible no encariñarse al ver su lado débil y sensible. Todos ellos tienen sus anhelos y sus miedos, lloran cuando sufren y ríen cuando aman (y ambas cosas suceden muy a menudo a lo largo del argumento). Son, en última instancia, personajes confeccionados de manera muy humana y realista.

Y es que todos ellos son gente poco afortunada, con un pasado difícil y que ha encontrado a un hermano en el hombre que conduce a su lado, a alguien por quien dar la vida y que daría la vida por ellos. Este es otro de los conceptos fundamentales de la serie: la contraposición entre la familia en la que se nace y la familia que se elige. ¿Pueden llegar a ser más fuertes los lazos que unen a unos que a otros? Jax comprobará muchas veces como "familia" y "amigo" son meras palabras, que no tienen porque corresponderse con aquellos a quienes se les atribuyen y cuyo significado es casi intercambiable. Los miembros de SAMCRO han aprendido a trabajar y a vivir juntos: lo que le pasa a uno de ellos, afecta al resto, y viceversa. Puede decirse que son hermanos de sangre, dispuestos a matar y morir si es necesario. A pesar de esto, todos ellos tienen, de una u otra forma, una familia genética que suele ocasionarles más problemas que beneficios. ¿O es que ellos mismos son el problema para sus familias? Esta es una de las muchas preguntas sin respuesta que el guión nos lanza directamente a la conciencia. 

Muy diferente solución tiene otra de las reflexiones omnipresentes que se puede extraer de la trama: la violencia siempre engendra más violencia. Ni Jax ni los suyos parecen haber visto nunca Star Wars, o, si lo han hecho, no han prestado demasiada atención al mensaje del viejo Jedi. De hecho, aquellos que hayan visto entera la serie, probablemente tengan la sensación de que todo lo que ha ido ocurriendo es producto de engaños entrelazados y de violencia que se ha ido sucediendo y reemplazando en el tiempo. Sons of Anarchy no es una serie para gente aprensiva que no soporte la agresividad, ni adecuada para hippies "comeflores" o señoras respetables que tengan encendida la tele mientras hacen calceta. Muchos de sus capítulos son verdaderos baños de sangre y, al igual que ocurre en Juego de Tronos, es poco recomendable desarrollar predilección por un personaje, ya que, apenas un par de capítulos después, podemos verle hacer cosas repugnantes o incluso morir de la forma más salvaje posible. Nadie está libre de culpa, ni de ser víctima del cuchillo de la parca.

A pesar de lo anterior, no todo iba a ser malo para los de California, que también tienen sitio para amor del bueno, y mucho. Para el amor paterno-filial, que puede verse en un Jax perdido y confuso, que idolatra a su padre y busca el significado de su existencia acudiendo al lugar donde este último se estrelló con la moto; el vicepresidente se debate entre librar a sus hijos de un modo de vida cruento e inestable o intentar protegerlos haciendo lo único que sabe hacer. ¿Qué hay peor que saber que tu progenitor ya intentó salvarte en su momento de aquello que hoy te encadena...y que no lo logró? Gemma será otro de los estandartes de este concepto, llevando el amor de madre (y de abuela) a un nuevo nivel. También hay lugar para el amor de pareja, con nuestro protagonista dispuesto a darlo todo por su alma gemela...o casi todo. De la misma forma, muchos de los personajes son víctimas de relaciones problemáticas y apasionadas, que suelen desembocar en finales trágicos. El amor fraternal está claramente encarnado por los propios Sons, que se apoyan unos a otros pase lo que pase. Casi todos ellos son ejemplo de una lealtad absoluta e inquebrantable a su club y a los ideales que este representa. Por ello, quien diga que SAMCRO no es una serie de amor, miente. En algunas ocasiones, veremos como ese amor rompe barreras, es suficiente para abrir nuevos caminos y dar el perdón a quien creía no merecerlo. En otras, asistiremos atónitos a muestras de sacrificio inimaginables, que sólo pueden comprenderse cuando aquel a quien van dirigidas es hijo, madre o hermano. En el fondo, la serie incide en el hecho ampliamente contrastado de que todos necesitamos ser amados.

Para un servidor, el punto fuerte de Sons of Anarchy estriba en su magnífica utilización de las alegorías, tanto religiosas como morales. Veremos que hay varios temas y personajes recurrentes, cuyo significado o aparición está siempre marcada por el misterio. ¿Quiénes son? Todo cobrará sentido hacia los últimos capítulos; basta fijarse en las escenas que cierran la serie para encontrar referencias claras a conceptos y figuras bíblicas que dejan al espectador en estado de shock cuando los descubre. El otro leitmotiv es la concepción de la muerte, que se representa a través de un tapiz tejido extraordinariamente con símbolos como la parca portando el fusil (icono del club), el cementerio en el que descansan varios de los familiares y amigos de Jax, o las muy diferentes despedidas y actitudes de cada uno de los miembros del club al cruzar el umbral. Estamos también ante una reflexión constante acerca de la libertad del hombre y el precio de sus distintos niveles: quien quiere ser libre a toda costa, seguramente afronte decisiones que marcarán con fuego su sino y el de los que le rodean. Aunque también queda hacerse la pregunta de si realmente había elección o más bien se trata de un destino prefijado del que no podemos escapar. ¿Somos así porque queremos o nos han hecho así? Sobre esas decisiones influyen ciertos agentes libres que nos lo ponen más complicado: el poder, que todo lo corrompe y cambia, la inevitable desesperación que sigue al momento en que uno pierde aquello que le importa, el sentimiento desgarrador de traicionar y ser traicionado, así como sus terribles secuelas, o la omnipresente búsqueda de redención por los pecados cometidos. 

En lo que se refiere al apartado técnico de la serie, la ambientación transcurre el noventa por ciento del tiempo en los mismos escenarios, que a veces pecan de falta de originalidad y realismo (¿es impresión mía o las casas y edificios son de papel?). Quizás hubiese sido buena idea haber centrado algunas de las temporadas más flojas (segunda, tercera y cuarta) en el desarrollo de otros secundarios y menos en visitar almacenes, escondites mafiosos y bares de carretera. Noté también cierto abuso de los cliffhangers y de otros recursos que, cuando se repiten tantas veces, pierden mucha frescura (por ejemplo, las cabeceras en las que se muestra a muchos personajes por separado haciendo más o menos lo mismo; una vez, está bien, dos también, pero la tercera ya cansa). Aparte de este ligero patinazo, sí que hay otros ámbitos que destacar. Por un lado, la banda sonora, compuesta a base de versiones de grandes éxitos del rock'n'roll (Bob Dylan, Queen, Jimi Hendrix...) y del blues, a los que se ha dotado de un sabor a carretera y polvo inconfundiblemente yankee. La manufactura es firma de grupos variados, entre los que encontramos a los Forest Rangers, The White Buffalo o los famosos Black Keys. Hay que admitir que le sienta como anillo al dedo a las persecuciones, enfrentamientos y otras correrías de nuestros amigos amantes del motor. Por otro lado, las interpretaciones del elenco de actores son convincentes en general, pero mención aparte merecen la de Charlie Hunnam en la piel de un hombre que desciende a los infiernos para intentar cambiar su entorno y, sobre todo, la del alma máter (nunca mejor dicho) de la serie: Katey Sagal. La madura actriz se ha marcado el que seguramente sea el papel de su vida insuflándole aliento a uno de los personajes clave para entender esta historia. Ron Perlman es otro de los veteranos y se agradece: bravo por encarnar a uno de los más odiados y hacerlo tan bien. Por último, y para el que le gusten las curiosidades, tanto el célebre Stephen King como Marylin Manson tienen pequeños papeles en la trama.

Lo mejor: Toda la simbología motera resulta muy atractiva porque recuerda a gente sin ley, además de ir acompañada de un sentimiento de pertenencia a una comunidad o a algo más grande que uno mismo: aceptémoslo, los Sons crean adhesión entre sus seguidores porque son "molones" y "malotes", pero también porque son casi como hermanos. ¿Quien no ha querido ser así alguna vez? Además, la serie trata temas tan viejos y universales como el mundo, saliendo airosa en la mayoría de los casos. Genial interpretación de Sagal.

Lo peor: Para gusto del que escribe, siete temporadas son demasiadas. Como muchas otras series, tiene capítulos de relleno, a veces queda la sensación de que ciertos secundarios son poco útiles o se les ha sacado poco partido, y algunas subtramas aportan poco o nada al desarrollo de la historia, por lo que quizás conviene preguntarse si no hubiese sido más útil suprimirlas en favor de dotar de mayor expresividad a las tramas principales (o de menos minutos, quien sabe). A veces, se enredan las cosas de tal manera que se pierde la noción de por qué experiencias han pasado los personajes, y hay cambios de lealtades casi constantes que tampoco ayudan demasiado. También hubiera sido de agradecer algo de variedad en los escenarios y un poco más de realismo en su manufactura (algunos parecen casi de cartón piedra).

Antes de terminar, me gustaría introducir a un invitado especial: mi gran amigo y también hermano de sangre y letras, Soultrane (es un loco del baloncesto, la música y el cine, al que podéis seguir en @juangrohl), que no ha podido evitar plasmar su pequeño recuerdo en forma de texto dedicado a los  más peligrosos de California. Yo soy más de Heisenberg, y el es más de Teller, pero ahí está la riqueza de las opiniones, my friend. Os dejo con Soultrane y sus reflexiones, acompañado por uno de mis temas preferidos de la serie a cargo de The White Buffalo. 

El Caballero de Tinta




“- Deja todo esto, Jax. Huye de Charming y empecemos de cero.

- Esto es lo que soy, Tara. Ésta es mi vida, soy de SAMCRO. ¿Dónde voy a ir?”

Y el viaje terminó. Como acaban todas las grandes series. Pero mucho más allá del anecdotario de simbologías del último capítulo o temporada, caben hacer pocas más lecturas que las que el dueño de este blog ha realizado ya.

Conocí Sons of Anarchy hace siete años gracias a un gran amigo al que estaré siempre agradecido y por muchas otras razones es una de mis series favoritas. Este drama creado por el gran Kurt Sutter, como bien se ha dicho, explora todas las grandes dimensiones de la vida humana sin ningún tipo de eufemismo: la muerte, la venganza, los celos, el sexo, el amor y la violencia, mezclados en un cocktail de gasolina, sangre, sudor y balas. Y si hay algo puro en los hijos de la anarquía es que los sentimientos son auténticos. Pocas series han sido capaces en la última década de transmitir tanta empatía con los personajes. De generar un fenómeno de transferencia y provocar tal catarsis argumental y sentimental en los momentos clímax de las temporadas. Momentos que han cortado la respiración, que han arrancado lágrimas y exclamaciones por igual.

¿Por qué no ha sido reconocida, premiada y valorada? Dos palabras. Breaking Bad. Jax y compañía tuvieron la mala suerte de coincidir temporalmente con el monstruo creado por Vince Gilligan y toda la parafernalia que se vendió de desarrollo del personaje de Walter White, los planos, la fotografía...¿acaso no es también asombroso Clay Morrow, Gemma o el mismo Jackson y su evolución hasta convertirse en lo que se convierte? El peor Teller rivaliza claramente contra el peor White. También los datos artísticos, la banda sonora, las secuencias, los giros de guión. Pero es mucho mejor así: Sons of Anarchy es una serie minoritaria que cuenta con fieles discípulos. Sons es mucho más que tiros, ajustes de cuentas o tráfico de drogas. Es el análisis pormenorizado de los niveles de tensión que puede soportar una persona a lo largo de su vida. Como un chico rubio e inocente tiene que asumir, como lo hizo en su día Michael Corleone, las riendas de un negocio. Es un auténtico drama shakesperiano con sus propios Rey Lear, Ottelo y Macbeth. Solo que viste deportivas blancas y chupa de MC.

Todos somos un poco Opie, Gemma, Bobby, Chibbs, Unser o Juice. Creo, sinceramente, que Jax no cabalga solo en su chopper. Todos tenemos los anillos. Todos te seguiremos, Presidente.

Y Jax sonríe. Y la parca vuelve a Charming.

Soultrane



1 comentario:

  1. Enhorabuena por la entrada y por el blog en general que de vez en cuando me paseo por aquí.
    No he visto la serie aun por ir dejandola pendiente y ahí se estanca, así que después de leer esto, creo que ya tengo una para engancharme.

    (si se me permite la aportación, las tipografías sin serif se leen mucho mejor en pantalla y para textos largos vienen mejor)

    Abrazo de Canica ;)

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