lunes, 23 de marzo de 2015

La Grande Bellezza: un elogio del todo y de la nada

Jep es un escritor y periodista que ha vivido en Roma toda su vida. Seguramente, esas sean las dos características que mejor le definen. A decir verdad, únicamente ha escrito una única novela de juventud, reconocida por la crítica y aclamada por todos sus conocidos y amigos. Se trata de un tipo elegante y refinado, acostumbrado a vestir como un verdadero dandi y a dar las mejores fiestas de toda la capital italiana. Sin embargo, tras cumplir los sesenta y cinco años, percibe que algo ha cambiado en su interior y se decide a averiguarlo.
Bajo este argumento se desarrolla La Grande Bellezza, obra del guionista y director italiano Paolo Sorrentino estrenada el pasado año 2013, que ha cautivado de manera casi unánime a la crítica internacional gracias a su exquisita producción, profundo argumento y magníficas interpretaciones.

Hagamos un breve repaso por lo más destacado de este filme excepcional (haré algunos spoilers, así que si el desdichado lector, no lo ha visto todavía...¡ya está tardando!). De la misma manera en que éste da comienzo, conviene introducir una pequeña reflexión del escritor francés Louis-Ferdinand Celine, extraída de su obra "Viaje al fin de la noche":

"Viajar es útil, ejercita la imaginación. Todo lo demás es desilusión y fatiga. Nuestro viaje es enteramente imaginario. Ahí reside su fuerza. Va de la vida a la muerte. Personas, animales, ciudades y cosas, todo es inventado. Es una novela, nada más que una historia ficticia. Lo dice Littre, él no se equivoca nunca. Y además, cualquiera puede hacer otro tanto. Basta cerrar los ojos. Está en la otra parte de la vida".

Y es que puede decirse, efectivamente, que La Grande Belleza es un diario de viaje a través de los recuerdos y la imaginación de un hombre: Jep Gambardella. Encarnado por un genial Toni Servillo, este viajero sabe disfrutar de la bebida, el tabaco y la compañía femenina, y no necesariamente en ese orden. De él sabemos que una vez estuvo enamorado y que, pese a peinar canas, es un individuo entregado a la fiesta perpetua. Un auténtico caballero de la noche que, a base de comentarios mordaces, críticas veladas y grandes dosis de encanto personal, se ha hecho famoso en el ambiente más cool y esnob del país del spaguetti. Su relación con la ciudad eterna es totalmente correspondida: ella le profesa devoción, y él no puede vivir sin ella. Jep es Roma, y Roma se ha manifestado en él. A pesar de su faceta de persona cultivada y sensible capaz de ahondar en las más profundas reflexiones, Jep también es el máximo exponente de una cultura, la italiana, completamente estereotipada y contradictoria, marcada por los trajes caros, la camaradería de revista y el Martini de media tarde. El protagonista se mueve entre lo mundano como una luz en la oscuridad, haciéndonos de guía experimentado por una ciudad decadente y poblada por personajes grotescos a la par que atractivos: nobles damas caídas en desgracia, sacerdotes disipados, artistas de pacotilla, actores más o menos capaces, intelectuales vacíos y otros que no lo están tanto...

Como todo foco, el escritor atrae a multitud de polillas que, fascinadas, revolotean a su alrededor con mayor o menor intensidad. Con ellos comparte tardes y noches de un verano que parecen alargarse indefinidamente. Sin embargo, no todos ellos son capaces de brillar en este baile de máscaras en que se ha convertido la vida llegada cierta edad. Así, la cinta de Sorrentino nos retrata una alta sociedad superficial y sumergida en lo banal, que intenta remendar un hastío vital permanente a través de fiestas descontroladas y excesos. Una dolce vita perpetua y descarnada. Sus temas de conversación son irrelevantes, sus preocupaciones a nadie importan y su forma de ver las cosas está completamente desconectada del mundo exterior. Como buenos italianos, todos ellos llevan la careta de la tragedia y la comedia, buscan convertirse en algo que no son, buscan ser aceptados a cualquier precio. Sin embargo, sus vidas y anhelos más profundos no se diferencian mucho de los de cualquier persona de su edad: 
  • Romano, quizás el mejor amigo de Jep, es un claro ejemplo de lo anterior. Muestra cierto talento creativo, pero nunca ha podido adaptarse a una ciudad en la que no se siente cómodo y a un ambiente que le ningunea en pro de lo ultramoderno. En algún momento de la película, se comenta que "los mejores habitantes de Roma son los turistas"; nótese, en este caso, lo irónico del nombre de un personaje que, por más que lo intenta, no consigue ser tomado en serio por el propio lugar que lo bautiza, y en el que lleva viviendo más de cuarenta años.
  • La noble y altiva Viola Bartolli, es, probablemente, otra de las figuras más interesantes de la historia en lo que a desarrollo se refiere. Comenzará como una viuda maldita cuyo acaudalado marido fue asesinado, dejándole en herencia un gigantesco yate y un hijo con problemas psicológicos: Andrea. La trama relacionada con éste último será uno de los desencadenantes del cambio definitivo de pensamiento en Jep, pero también en Viola, quien, finalmente, decide donar todos sus bienes y hacerse voluntaria.
  • Merece la pena hacer una mención a Dadina, la directora del periódico en el que Jep trabaja. Está aquejada de enanismo, pero ello no le ha impedido llegar a un cargo de responsabilidad. La mejor esencia se guarda en frasco pequeño, y aún más en el caso de esta mujer culta y racional. Como ella misma dice, el hecho de ser enana es lo primero y lo último que todo el mundo piensa cuando la recuerda, así que no hay por qué avergonzarse de ello. Dadina es la voz de la conciencia de un Jep algo desvalido, al que cuida a base de sopa y arroz recalentado. El escritor acude a ella en busca de consejo, de compañía fraternal e incluso de consuelo.
  • Sobre Lello, el propio Jep comenta que "es el mejor vendedor del mundo, engaña a cualquiera; en media hora, es capaz de hacerte gastar todo el dinero que tienes en lo que sea". Huelga decir que es una representación de ese carácter tan comercial y encantador que hace al país de la bota mediterránea tan conocido a nivel internacional. Lleno de vicios, amante de la fiesta y las mujeres, Lelo es, sin embargo, un hombre inteligente y avispado. "¿Porqué somos famosos fuera? Por la ropa y la pizza. Nada más. Somos un país de ropa y pizza, y siempre lo seremos." Nada más que añadir.
  • Stefania es, según su propia definición, mujer y madre. Ha escrito once novelas, la biografía del partido en el que milita y tiene unos hijos por los que dice sacrificarse a diario. Sin embargo, en un momento de enfrentamiento, Jep no podrá reprimirse y le abrirá los ojos a sus falsedades y sus verdades, lo cual hará que Stefania se replantee muchas cosas. "Tienes una vida destrozada. Como todos nosotros", le espeta el escritor con total tranquilidad. Fíjense en aquellas personas que se dicen a sí mismas estar orgullosas de sus logros profesionales, de sus modélicas familias, de todo lo que han conseguido sin la ayuda de nadie...y que, en realidad, ocultan antiguas depresiones, dramas familiares y verdades a medias sobre su currículum. Cualquier parecido con la realidad...es totalmente intencionado.
  • La stripper cuarentona Ramona es otro de los ejes centrales del argumento. Se trata de una mujer sencilla, sin pelos en la lengua y con gran capacidad para dejarse sorprender. También Jep se sorprenderá con ella y la convertirá en uno de sus últimos amores. Aunque su nombre puede parecer poco refinado, se comporta con más nobleza en los eventos sociales que muchos de los habituales compañeros de juerga del escritor. Frente a tanta hipocresía, este personaje desnudo representa la verdad, lo auténtico, lo natural. A ella no le hacen falta caretas.
  • Sor Maria, viene desde África con la intención de subir los veintiocho peldaños de la Scala Santa. Arrastra una interminable caterva de curiosos, monjas y otros religiosos más interesados en hacerse fotos con ella que en compartir su fe. Apodada la Santa, esta monja de avanzadísima edad es la prueba de una fe verdadera, que sale del corazón y está alejada de lo mortal, de lo común. Curiosamente, hay más paralelismos entre ella y Ramona que entre ella y el cardenal que apunta para Papa. A Jep, el encuentro con la vetusta hermana le supondrá una revelación, que contribuirá a despertar al escritor del letargo creativo en el que estaba sumido. 

Sin embargo, no sólo de buenos personajes vive el cinéfilo; La Grande Bellezza también nos ha dejado muchas escenas sublimes. Sorrentino ha aprovechado el filme para hacer elogio de lo más bello (la indiscutible grandiosidad de la ciudad cuna de Rómulo y Remo) y a la vez de lo más nimio (las insignificantes vidas de sus habitantes), recreando momentos que permanecerán bastante tiempo en nuestras retinas:
  • Quizás el más emblemático de todos, es la fiesta de cumpleaños de Jep. Una de las mejores escenas de jolgorio de los últimos años. Los planos juegan con una saturación de colores, sensaciones, olores y sabores que desbordan al espectador en pocos minutos. Hay de todo y para todos los gustos. Es la representación de la fiesta más decadente, lujuriosa y terminal. Vejestorios que bailan con jovencitas. Jovencitos que son manoseados por mujeres mayores. Miradas que cautivan, miradas de perdición, miradas que, en el fondo, no quieren decir nada. Juzguen por ustedes mismos y déjense llevar por el remix de la Carrá y Bob Sinclair. Explota, explótame, explo...
  • Un paseo nocturno por los palacios capitolinos de Roma es un lujo que no se puede permitir cualquiera. Jep, sin embargo, es amigo de Stefano, su misterioso guardián de llaves (que no simple portero). A la luz de un candelabro, nuestro protagonista disfrutará, junto a Ramona, de un viaje al claroscuro entre esculturas olvidadas y retazos de una sensibilidad por la estética que parece perdida. La enigmática sonrisa de una figura femenina representada en un cuadro, hace que Jep evoque el sonido de las olas. Las olas de un mar en el que conoció al que sería su primer y más grande amor. Ese mar que el escritor, en su cabeza, imagina sobre el techo de su habitación cuando descansa. ¿Hay algo más sutil que esto en el mundo del cine?
  • Como bien recuerda Jep, un funeral es la cita social por excelencia. En consecuencia, él ha medido con precisión como actuar en el de Andrea, hijo de Viola. Cada gesto, está ensayado, cada llanto, planificado. Su frívola frase de alivio y su falsa actitud de contrición contrastan con el momento de portar el ataúd al exterior de la iglesia, en el que ni siquiera él puede evitar romper en un montón de lágrimas. ¿O es que acaso también estas son fingidas? Esta ambiguedad deliberada, este juego de lo real y lo irreal, estará presente en numerosas ocasiones de la historia.
  • Encontrarse con una jirafa en la noche romana, no es algo común, pero nuestro escritor, sin querer, la descubre en medio de una plaza. El mago Arturo, amigo de Jep, dice que, mediante un truco, hará desaparecer la jirafa en un espectáculo. En ese momento, Romano le comunica a Jep que se va al pueblo con su familia, a un ambiente más pequeño, y en los brazos de aquella séptima mujer. La jirafa es un símbolo de que cualquier cosa, por imposible que nos parezca (incluso un animal enorme), es susceptible de esfumarse: Ramona, Andrea, Romano...Como detalle, el escritor viste de blanco (con un look a caballo entre un anuncio del Corte Inglés y Compay Segundo en sus mejores días), mientras que Romano viste de negro. El autor Junichiro Tanizaki, en El elogio de la sombra, decía que la cultura occidental tiende a asociar el negro con lo negativo, con estados de ánimo depresivos. Sin embargo, aunque Romano está decepcionado, no por ello estará necesariamente triste, ya que, en el fondo, sabe que será más feliz a partir de entonces. 
  • La exposición del hombre que se había sacado una foto todos los días desde los catorce años, despierta un sentimiento de tristeza en Jep. Quizás se reconoce a sí mismo, quizás al heredero que nunca tuvo. En la conversación con el viudo de la que fue su enamorada que tiene lugar al inicio de la trama, Jep recuerda con amargura que él sí que podía tener hijos. Qué hay más duro que mirar hacia atrás y arrepentirse de lo que no se ha hecho...
  • La palma de oro al momento mas extraño se lo lleva la monja centenaria Sor María en la terraza de Jep, acompañada de un montón de flamencos. La cortísima conversación entre ambos tendrá más significado para el escritor que todos los parloteos inconsistentes de los que somos testigos durante el resto de la cinta. Igualmente, contemplar a los flamencos levantar el vuelo con un leve gesto de la anciana, es, sin duda, una delicia visual.
Por otro lado, la película es también una ácida crítica a la forma sin el fondo, a los sentimientos impostados y a la falsedad de la vida actual en sociedad:
  • En primer lugar, carga contra la "pseudointelectualidad" y contra una modernidad hueca. "Ahora voy a rodar dos programas. En el primero hago de un padre, en el segundo hago de un drogodependiente que se redime", explica con displicencia un joven actor durante el cumpleaños de Jep. Apoyado sobre una columna, oculta sus ojos tras las típicas Ray Ban Aviator en mitad de la noche, mientras sostiene el cigarro en el borde del labio. Su barba perfectamente recortada y su "moreneo" de gimnasio sugieren que estamos ante un amante del "postureo", un verdadero italian lover. Buen ejemplo de profundidad. En este mismo contexto, tampoco tiene desperdicio la entrevista a Talia Concept, una supuesta "artista de performance" que habla sobre sí misma en tercera persona y no tiene ni idea de lo que dice (y probablemente tampoco de lo que hace). Únicamente quiere hacerse la interesante, y cuando el protagonista la rasca un poco, ella en seguida saca a relucir los problemas familiares que, supuestamente, le han causado un trauma del que deriva su talento. Lamentable y real como la vida misma. Al que no se lo crea, le recomiendo que se dé un paseo por algunas de las "obras" del Tate Modern de Londres, o sin ir tan lejos, del MACBA de Barcelona. 
  • Tampoco faltan críticas contra una Iglesia desnaturalizada y perdida en nimiedades y tonterías. No queda claro que Jep sea creyente, aunque sí que se plantea la posibilidad de acudir a los ministros del culto para intentar dar respuesta a sus preguntas. Así, durante una boda, el escritor se acerca al conocido Cardenal Bellucci con esta intención. Sin embargo, el otrora exorcista, hoy papable, está más interesado en juguetear con señoronas comemisas y enseñar sus recetas de cocina, que en resolver las dudas existenciales de Jep. Afortunadamente, también se nos enseña su contrapartida de mano de Sor María, cuya fe, real y poderosa, hace tambalearse todo el teatrillo de marionetas en el que actúan los personajes de La Grande Bellezza.
  • En tercer lugar, no se libra de esta caza de brujas el culto al cuerpo, al retoque exacerbado y a la estética por encima de todo. En este ámbito, un auténtico gurú del retoque y la silicona "perpetra" sus "obras" en una sala barroca, a la que todas estas almas atormentadas y esclavas de su cuerpo acuden en busca de su dósis de perfección enlatada. Al más puro estilo pescadería, estos drogadictos del botox retiran su número para ponerse a la cola del maestro. Él, condescendiente, hace descuentos en función de la lealtad, y habla a sus "fieles" como si de un verdadero mesías se tratase. Por supuesto, cada cual es libre de hacer con su cuerpo lo que le plazca, pero los límites al respeto sobre el propio cuerpo y la vejez bien llevada, se han desvanecido. Esta imagen es una prueba de ello.
  • La falsedad de los altos estratos sociales frente a lo auténtico de individuos de "clase baja", es otro de las patas sobre las que se apoya el argumento. Fijémonos en la contraposición entre la sencilla Ramona, que no entiende todo este baile de máscaras sobre el que Jep parece moverse con destreza, y la muy noble Viola, que la tilda de paleta por ello. También los condes Colonna di Reggio, nobles de alquiler a los que se les pide hacerse pasar por Odescalcci (sus enemigos acérrimos desde hace siglos). "Es inmoral", dice el conde Colonna con tono solemne por teléfono. Finalmente acceden. Y es que, ante el dinero, parece que no hay moralidad que valga.
En lo que respecta al apartado técnico, la banda sonora combina, entre otros, música coral de corte religioso, canciones de cantautor, temas de italodance actualizados, música clásica y canzonas románticas de intérpretes como Antonello Venditti (que, por cierto, se marca un curioso cameo). Una mezcla escogida con mucha delicadeza que ha contribuido, con creces, a crear la atmósfera adecuada para cada situación. A nivel de fotografía, la ejecución es impecable: planos bellos, equilibrados y de un gran lirismo, nutridos de colores cuidados y armónicos. Prácticamente todas las imágenes transmiten una gran paz. Incluso las más desagradables o corruptas parecen ser producto de una "náusea reposada", de forma que nada es violento; todo parece sucederse de forma continuada, como las olas del Mediterráneo que a Jep tantos recuerdos le traen. ¡Bravissimo!

Consecuencia de lo anterior es la gran cantidad de galardones que La Grande Bellezza obtuvo tras su estreno: un Oscar a la Mejor película de habla no inglesa, un BAFTA por lo mismo, un Globo de Oro, y así un largo etcétera de reconocimientos a nivel europeo.

Lo mejorLa Grande Bellezza es, con todas las letras, una película PRECIOSA. Está tan magníficamente rodada que me cuesta olvidarme de su fotografía. Además, el contenido no defrauda. Su recorrido por la decadencia y lo mundano a veces duele, porque se percibe muy real y muy cercano. Es también de destacar su capacidad para sugerir líneas argumentales, tramas y subtramas a través de meros indicios (una mirada, un color, un gesto...). Un Toni Servillo enorme hace posible la recreación de un papel que, con otro actor, seguramente hubiese flojeado en credibilidad: este tio es verdaderamente elegante. En resumen, es una película imprescindible que se convertirá en un gran clásico dentro de unos años.

Lo peor: Aviso a navegantes: es una película lenta, que exige algo de actividad cerebral en el habitualmente "zombificado" espectador, e incluso le pide un segundo visionado. Hay tantos detalles, que es difícil empaparse de todos de una sola vez...y no todo el mundo está en disposición de dedicar, alegremente, dos horas y pìco a grandes reflexiones sobre la vida y la muerte como las que aquí introduce Sorrentino. Por lo demás, no creo que haya grandes defectos.

Me despido con uno de los temas principales de la banda sonora, perfecto para el tan necesario relax en nuestros días más vagos. Si me disculpan, creo que voy a ir a servirme una copa de lambrusco...y que viva Italia.



Arrivederci!

El Caballero de Tinta

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