domingo, 26 de octubre de 2014

Utopía: conspiranoia made in England




Oscuras conspiraciones a nivel estatal, manipulación política, perversos experimentos científicos, violencia sin filtro, dilemas morales, asesinatos sangrientos…y un cómic. ¿¡Un cómic!? ¿Qué pinta aquí un cómic? El tremendo cocktail que es Utopía la convierte en uno de los mejores productos televisivos con acento british de los últimos años, y en una de las series más sorprendentes del panorama actual, a pesar del reciente anuncio de su no renovación para una tercera temporada.

La historia nos presenta a un grupo de personajes de lo más variopinto, que, tras contactar por medio de un foro en internet, deciden encontrarse para poder acceder en primicia y con total secreto a la que sería la segunda parte inédita y original de un cómic de culto dibujado por un enfermo mental y publicado años atrás: The Utopia Experiments. Esta obra, cuyo misterioso significado sigue generando encendidos debate entre los fans, será uno de los hilos centrales de la serie.

Sin embargo, y como era de esperar, nada resulta ser lo que parece, y nuestros amigos fans se ven inmersos en una desquiciada carrera por el control del “manuscrito” a la vez que intentan huir de fuerzas desconocidas con un gran poder y con un oscuro propósito en mente. Entre ellas, un peculiar asesino sin apenas escrúpulos y aparentemente nula capacidad para la emoción, que interroga a sus víctimas a través de una única y sencilla pregunta: “Where is Jessica Hyde?”.

En esta esquizoide narración de dos temporadas estructuradas en un total de doce capítulos, los personajes son un factor importante a pesar del poco tiempo que se invierte en su desarrollo psicológico debido a la corta duración de la historia.

Así, en primer lugar, nos encontramos a Becky, una joven estudiante de postgrado cuyo padre falleció debido a una extraña enfermedad, y que está convencida de la relación del cómic con catástrofes futuras. Ian es un consultor cerca de la treintena que aún vive con sus padres, y que desea descubrir el mundo y la vida más allá de lo que conoce. Wilson (o mejor dicho, Wilson Wilson) es un obseso de las conspiraciones, lo oculto y la supervivencia apocalíptica, cuyo frikismo le ha convertido en un experto del hacking y del espionaje tecnológico. Grant es un niño adelantado a su edad al que, a pesar de su inteligencia, el ambiente en casa no le acompaña. El funcionario del Ministerio de Sanidad Michael Dugdale no tiene la conciencia tranquila, y hay quien sabrá utilizar esto a su favor para forzarle a tomar decisiones en el límite de la moralidad.

En segundo lugar, hay un par de personajes sobre los que reside buena parte de la carga emocional y narrativa de la trama. Por un lado, la indómita Jessica Hyde, una mujer reservada y fría que se ha labrado su propio porvenir, y que está dispuesta a casi cualquier cosa para sobrevivir; en el polo opuesto, Arby, un hombre totalmente desprovisto de capacidad para empatizar con ser vivo alguno, y que como forma de expresión se vale del único lenguaje que sabe utilizar: el de la violencia.

Finalmente, otros personajes de carácter más secundario (pero no por ello menos importante) pueblan la historia, como la agente secreta Milner, el aparentemente poderoso Letts, el sicario con estilo Lee o el traicionero científico Donaldson.

Sin embargo, y a pesar de que algunos de ellos van cobrando más relevancia que otros a cada capítulo, no es tanto por su figura aislada o por lo que puedan representar a nivel individual, sino por la forma en la que establecen sus relaciones y por su papel dentro de un grupo. De hecho, no todas las interpretaciones son especialmente brillantes por separado (con la excepción del terrorífico Arby de Neil Maskell, el atribulado Dugdale encarnado por un experimentado Paul Higgins, el esquizoide papel de Adeel Akhtar como Wilson Wilson o la genial caracterización del asesino presumido y sin escrúpulos al que nos acerca Paul Ready como Lee), adoleciendo quizás varias de ellas de cierta falta de profundidad; como ya hemos comentado antes, tampoco se puede pedir más en vista de la brevedad de la trama.

Por otro lado, el apartado técnico ha sido aplaudido casi de forma mayoritaria debido a su cuidada elaboración en prácticamente todos los aspectos.

En primer lugar, el buque insignia de Utopía está tripulado por una fotografía magistral y colorista que hace una utilización exquisita de planos generales y panorámicos, permitiéndonos disfrutar de imágenes “cuasipictóricas” que parecen sacadas de una novela gráfica de altísima definición. No en vano, el estilo visual de la serie busca, a través de fuertes contrastes cromáticos, dar una capa de corrupción sobre paisajes y ambientes que podrían ser bellos por sí solos, pero a los que la sombra de la conspiración convierte en inquietantes y angustiosos.

Se trata de un mundo en peligro y cuya comprensión escapa muchas veces a los protagonistas, que deben enfrentarse a situaciones que les superan y ante las que no sabrán bien cómo reaccionar. La música es también un poderoso aliado a la hora de contribuir a crear esta atmósfera opresiva y extraña, que penetra en nuestra cabeza como si de un virus a punto de propagarse se tratase, y que a base de ritmos electrónicos provoca la tensión perfecta para cada escena. Si se pudiesen representar de manera sonora conceptos abstractos como “manipulación política” o “conspiración”, éste sería sin duda el conjunto de melodías escogidas para ello. Varios de los personajes cuentan asimismo con su propio leitmotiv, lo cual es de agradecer cuando se busca representar cualidades morales o características de una forma metalingüística o “metafáctica” que, de otro modo, sería imposible lograr con los pocos minutos de los que dispone la serie en pantalla.

Conectando con lo anterior, el acento marcadamente inglés de los personajes (obligatorio verla en versión original) y el hecho de que el relato tenga lugar en el Reino Unido, le brinda un encanto especial fuera de lo habitual. Esto contribuye, además, a enlazar con otro clásico de la literatura universal como es 1984, desde el que nos llegan reminiscencias de manipulación política y engaño en una sociedad “distópica”. ¿Qué tendrán las islas británicas que sirven tan adecuadamente para ambientar este tipo de guiones? ¿Será su “aislamiento” geográfico respecto de otros países? ¿Quizás el hecho de que la sociedad anglosajona fuera uno de los embriones de la democracia parlamentaria y resulte altamente simbólico para el mundo occidental ver su declive?

Muy polémico y ampliamente comentado ha sido también el tratamiento explícito y sin apenas filtro de la violencia que hace Utopía, que nos muestra todo tipo de asesinatos a sangre fría y crueles torturas en las que no importa si las víctimas son personas inofensivas, en situación de indefensión o incluso niños. Se juega con la tensión escénica, y hasta en ocasiones se permite el lujo de evitar mostrar la imagen concreta en la que se produce la agresión, dejando que sea el propio espectador quien le ponga el sentimiento de dolor al seco sonido de las balas, los golpes o los gritos agónicos. Algunas secuencias en concreto permanecerán en la mente de quien las ha observado o escuchado durante mucho tiempo después, debido a la profunda carga de agresividad latente que contienen: no se trata de escenas complejas o especialmente retorcidas, pero sí de impactos visuales que aciertan en la frente del espectador sin compasión alguna.

Tratándose de una ficción con tantas virtudes, más de uno se preguntará a que se debe la reciente noticia de su cancelación por Channel 4, la cadena autorizada para su emisión en Reino Unido, únicamente aduciendo la necesidad de hacer espacio a los nuevos dramas del próximo año 2015. Pese a que su creador y escritor, Dennis Kelly, no es un nombre especialmente conocido en el mundo de la pequeña o la gran pantalla, Utopía había supuesto un soplo de aire fresco por su tratamiento visual, enfermizo y rompedor de las tramas conspiratorias, aunadas con un ritmo frenético in crescendo en cada nuevo capítulo.

Hay quien dice que el verdadero motivo para su no renovación reside en que hace poco se ha anunciado su futuro remake “a la americana” de la mano de la todopoderosa cadena HBO y el compromiso del omnipresente David Fincher (Se7en, El Club de la Lucha, La red social, El curioso caso de Benjamin Button, House of Cards…) de dirigir la primera temporada entera, por lo que seguir adelante con la versión original ya no tenía sentido (personalmente, es un argumento que me convence bastante, ya que es extremadamente raro que un guion con producto televisivo en emisión y tan joven como era Utopía, sea de repente adquirido por una de las mentes más preclaras de la industria cinematográfica estadounidense…¿posibles presiones de Hollywood?).

Otros comentan que, simplemente, el share de la segunda temporada fue inesperadamente bajo y la cadena decidió no tentar a la suerte con el experimento de una hipotéticamente fallida tercera temporada. Siendo realistas, es posible que aquí se encuentre parte de la razón para su cese definitivo, pero también resulta poco creíble que Channel 4 haya renunciado a apuntarse el tanto de lo que tenía todas las papeletas para convertirse en una auténtica serie de culto (de hecho, sus únicas dos temporadas ya han dado para ríos de tinta y especulaciones de todo tipo por parte de la comunidad “seriéfila”).

Incluso están los que argumentan que los temas tratados son de bastante actualidad en el mundo real y han tocado la fibra “sensible” de ciertos lobbies y/o grupos políticos, que habrían ejercido sus influencias para acabar con la serie cuanto antes. Aún a riesgo de parecer paranoico, no sería una explicación del todo descabellada de no ser por el hecho de que el nuevo proyecto con sello made in USA, ya se ha puesto oficialmente en marcha (además de que Fincher no es precisamente un director que escatime en críticas al sistema actual y violencia en sus cintas).

Lo mejor: Estamos ante una historia original, narrada de manera inusual y aderezada con personajes peculiares y situaciones fuera de toda lógica. Esto, por sí solo, ya hace que Utopía se merezca un aplauso, pero es que además es, técnicamente hablando, una serie preciosa donde se hace valer el gusto por el detalle estético (tanto a nivel gráfico, como musical y de ambientación): todos los elementos escénicos están puestos al servicio del espectador y su experiencia audiovisual, y eso se nota.

Lo peor: Sin duda alguna, lo peor es que la hayan cancelado. Aparte de esto, ciertos aspectos podrían haberse mejorado: el poco relevante papel de algunos de sus personajes, su transición psicológica de uno a otro bando...

En conclusión, se trata de una verdadera joya del género conspiratorio actual, que podría haber llegado mucho más alto aún de haber continuado su producción (paradójicamente, parece que está llamada a convertirse en una rareza tan preciada entre sus fans como el propio e incompleto cómic sobre el que se centra parte de la historia). Por lo pronto, sus apenas dos temporadas han bastado para que  la comunidad de usuarios de IMDb le haya otorgado una puntuación de 8,5 sobre 10, mientras que la de Filmaffinity se ha pronunciado con un 7,7.

Y como regalo de despedida, os dejo con el tema musical principal en todo su esplendor.


El Caballero de Tinta






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