miércoles, 15 de febrero de 2012

Ghost Dog: un viaje a otra época


Hoy quisiera rendir un pequeño tributo a una de mis películas preferidas: Ghost Dog. El perro fantasma. Aquel que tiene capacidad de caminar sin ser visto, de actuar en completo silencio, aquel que se camufla y cuenta con el rigor y la determinación como único arma para lograr su objetivo.

No es un mero asesino, no es un mercenario cualquiera; es un hombre de principios, un hombre libre que ha elegido su camino, y ha sido más consecuente con el mismo de lo que muchos de nosotros podríamos serlo en varias vidas seguidas. Como bien dice, Ghost Dog pertenece a otra época, a un mundo en el que el honor, el respeto, la determinación y la seriedad lo eran todo: es un samurái encerrado en un el cuerpo de un corpulento rapero afroamericano de semblante serio y mirada perdida. Ghost Dog es un ejemplo práctico de cómo seguir tus propias normas, y de cómo adaptarlas y adaptarse a esta realidad dinámica, loca y cambiante que, como Louie comenta, hace que todo deje de tener sentido. ¿Pero qué sentido? El que Ghost Dog le da a su vida a través de la fidelidad a un credo o filosofía vital, el que la niña Pearline busca en los libros que devora, el que nuestro solitario fantasma y su franco amigo heladero le infunden en diálogos desnudos de toda forma y lenguaje, relegando las palabras a un segundo plano y sustituyéndolas por una especie de "alfabeto espiritual" en el que el entendimiento entre ambos va más allá de las dificultades técnicas que nuestra mente pone como obstáculos automáticamente (el desconocimiento de una lengua). Es la verdadera amistad, más allá de edades, de lenguas y de estratos sociales.

Jarmusch hace de cada plano una pieza de arte, de cada secuencia de imágenes una metáfora y de cada intervención hablada un pequeño fragmento de un rompecabezas en el que cada frase tiene un sentido ajustado y encajado en el lugar y momento exactos para dotar a la película de un significado filosófico sorprendente. Ghost Dog es una madeja que hay que desenmarañar, un conjunto de piedras hechas a pavimentar un camino muy concreto: el propio camino de un hombre libre. Aún en su servicio al maestro mafioso, Ghost Dog continúa siendo más libre que nunca, pues es quien de hacer con su vida lo que considera, eligiendo los pilares que sustentarían el resto de su existencia, siendo a la vez aquellos que la sentenciarían y ejecutarían para siempre.

Esta película es pura poesía, y por eso no es apta para todos los públicos: muchos no están hechos a ver más cine que el producto recalentado hollywoodiense que, día a día, se nos mete por los ojos y se instala en lo más profundo de nuestro entendimiento. Por eso, cuando se nos presenta una película hecha para ser vista sin prisas, sin esquemas mentales preconcebidos y que reclama a gritos que abras tu mente para poder paladearla, apreciarla en todo su esplendor, es necesario, casi obligatorio, que hagas ese pequeño esfuerzo de no sólo ver y asentir, si no abrir los párpados, los oídos y el alma para interiorizar y aprehender todo lo que una obra maestra como esta puede transmitirnos.

Por todo ello me gustaría recomendar esta película como algo personal, como algo a disfrutar sin prejuicios, sin prisas (no es demasiado larga, dura poco más de hora y media) y...sin falta, porque incluso yéndonos al aspecto más técnico, ¿qué más se le puede pedir a una película que valores, sinceridad, argumento y valentía, cuando hasta cuenta con pequeñas dósis de humor? El siempre atractivo tema de la mafia, en esta ocasión se entremezcla con el oscuro y rudo mundo de las calles, donde nada es lo que parece ni nada parece lo que es. Gángsters de los de siempre venidos a menos, hip hop, pensamiento oriental y el gran actor que es Forrest Whitaker hacen de este filme un imprescindible de todo aquel que guste de ver cine mínimamente reflexivo y útil para esa maquinaria atrofiada y obsoleta que llamamos cerebro.




El Caballero de Tinta

1 comentario:

  1. La acabo de ver por primera vez, y acaba de entrar en mi top 10 de películas.

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